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Ricky Martin a los 54: “No me conformaré con la mediocridad”

Ricky Martin fotografiado por Jvdas Sierra @jvdasierra para la revista Numero. Derechos reservados a su autor.

Ricky Martin está de giro por Europa. En su visita a Italia, dio una entrevista exclusiva de dos partes publicada en la versión italiana de Vanity Fair. Esta entrevista captura a un Ricky Martin que ha aprendido la lección más difícil: que la madurez no es renunciar a la pasión, sino canalizarla con claridad. Que el perdón más importante es el que te das a ti mismo. Y que a los 54, después de setenta millones de discos, cuatro hijos y una salida del armario que cambió vidas, todavía cree en el amor, la comunidad y las grandes cosas que empiezan desde dentro.

A los 54 años, soltero y en plena gira mundial, Ricky Martin sigue siendo el mismo hombre que decidió romper desde adentro hace más de una década. La entrevista más reciente del artista puertorriqueño con Vanity Fair es una lección magistral sobre crecimiento, perdón y la libertad de ser quien realmente eres.

La metáfora del huevo

“Si un huevo se rompe por fuera, la vida termina. Si se rompe por dentro, la vida empieza.” Ricky recurre a esta imagen constantemente, y con razón: resume su trayectoria entera. No solo la salida del armario en 2010 —que califica como el acto más valiente de su vida— sino también el fin de su matrimonio con Jwan Yosef, la crianza compartida de sus cuatro hijos (Valentino y Matteo, 17; Lucía, 7; y Renn, 6), y su continua evolución como artista y persona.

Un matrimonio que terminó bien

Quizá lo más revolucionario de esta entrevista es cómo Ricky habla del final de su relación. “Un matrimonio puede terminar sin perder el respeto,” dice. “Esta es quizás la forma más madura de perdón.” No hay drama, no hay rencor público; solo dos adultos que reconocen que las cosas cambiaron y tomaron la decisión correcta. Su enfoque sobre la crianza compartida es igualmente directo: comunicación honesta, verdad completa a los hijos, sin manipulación. Los niños lo notan, explica. Los niños son inteligentes.

Abierto al amor (pero no a la mediocridad)

“Estoy soltero; no me conformaré con la mediocridad.” La frase es simple pero cargada. A los 54, Ricky no está buscando cualquier cosa. Sabe lo que quiere. Sigue siendo ese hombre apasionado que olvida todo cuando se enamora, pero ahora con la experiencia y claridad que solo da el tiempo. “La puerta está abierta,” dice. “Me estoy preparando para ser claro y transparente cuando la persona adecuada vuelva a entrar en mi vida.”

El pasado febrero, estuvo en el escenario del Super Bowl junto a Bad Bunny. “Se trataba de unir a una comunidad. Éramos dos artistas puertorriqueños contando historias que necesitaban ser contadas. Bad Bunny tenía una misión y cosas que decir. Creo en lo que quiere expresar”.

Generaciones y legado

El Ricky que habla en esta entrevista reconoce que la nueva generación de artistas latinos tiene libertades que su generación nunca tuvo. Bad Bunny puede ser Bad Bunny sin los códigos que Ricky tuvo que navegar. Y en lugar de amargura, hay gratitud: “Creo en lo que quiere expresar.” Sobre el Super Bowl que compartió con Bad Bunny en febrero 2026: “Se trataba de unir a una comunidad.”

También toca temas de actualidad: internet, inteligencia artificial, la responsabilidad de los gobiernos. Sorprende su optimismo medido. No teme a la IA; la ve como potencialmente maravillosa “siempre y cuando esté en manos de las personas adecuadas.” Es Star Wars, dice: humanos e IA conviviendo.

El legado físico y el tiempo

Hay una sección íntima sobre cómo se relaciona con su cuerpo a los 54. Antes no era disciplinado; ahora va al gimnasio todos los días, cuida su piel, toma suplementos y péptidos. “Ya no me tomo a la ligera mi salud. Quiero vivir hasta los 120 años.” Es un cambio de mentalidad: el cuerpo no como instrumento de performance sino como casa en la que tenemos que vivir.

¿Y el título de la película de su vida?

Cuando le preguntan qué título elegiría para un libro sobre su vida en diez años, Ricky juega con palabras: “Algo como Implacable. O tal vez Obsesivo. O tal vez Terco. En realidad, muy terco.”

Fuente: Vanity Fair, junio 2026

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